Sobre mí
Durante mucho tiempo me describí a través de mis títulos, mis cargos laborales y mi trayectoria profesional. Esto ya cambió. Ahora, cuando pienso en mí misma, solo veo mi nombre, mis manos, mi cara, mis recuerdos y mis deseos.
Soy una persona que aprende. Que se ha caído, que se ha equivocado y que, aun así, ha intentado hacer lo mejor que sabía en cada etapa. No desde la perfección ni el ego, sino desde el genuino sentimiento de querer lo mejor.
He recorrido caminos, he cargado con mucho y he probado ritmos que no eran los míos y, después de ese intenso periplo por la vida, he vuelto al origen: la escritura.
Me inspira mi huerto, también la naturaleza, los animales, los paisajes y el silencio. Los aprendizajes más valiosos hasta ahora, fueron los de entender que crecer no siempre es avanzar rápido, que perder también enseña y que volver a empezar no es un fracaso. También aprendí que no siempre hacer las cosas bien, significa éxito y que la vida acomoda sus piezas a su tiempo, porque muchas veces el caos tiene un propósito. Entendí que menos es mucho más y que la distancia entre personas y lugares es a veces un premio.
Escribo desde mi propio lugar, la tertulia en mi huerto, ejerciendo el derecho de observar, aceptar y continuar.
Disfruto de caminar, de hacer listas, mover muebles y, por supuesto, de escribir. Adoro a mis 4 perros y mi gata. Cocino las recetas que mi madre preparaba, escucho la música que le gustaba a mi padre y busco la belleza en lo sencillo. Aspiro a vivir en esta etapa de mi vida, esto sin morir en el intento, sin demostrar nada, sin justificar quién soy. Deseo estar, aprender y compartir lo que va tomando forma, con personas que real y efectivamente me quieran. Deseo que me quede tiempo para regodearme en los buenos recuerdos.
Vivo en mi huerto.
Con mis manos muevo la tierra que se incrusta bajo mis uñas,
siembro semillas de todo tipo, las riego con agua clara
—y a veces con un poco de azúcar parda—,
retiro las hojas marchitas
y vigilo que ninguna plaga se cuele sin darme cuenta.
Respiro.
Aprendo que todo tiene su tiempo.
Que nada florece antes por insistir
ni después por dudar.
Que el tiempo no llega rápido ni tarde…
llega justo cuando debe.
Y si preguntan por mí, díganles que estoy en mi huerto.
Cultivando. Esperando. Viviendo. Feliz.
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Si algo de lo que lees aquí resuena contigo, me encantaría saberlo.
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