Esta mañana descubrí que una de las macetas donde tengo sembradas unas flores se había roto.

No sé exactamente qué ocurrió. Quizás Freddie, que es el más grande de los perros, se apoyó sobre ella sin querer. El hecho es que estaba partida y tuve que intentar trasladar con muchísimo cuidado la tierra y las pequeñas plantas a otra maceta.
Mientras lo hacía, pensé que probablemente muchas no sobrevivirán. Y entonces me di cuenta de que la vida se parece bastante a eso.
Hay cosas que se rompen. Relaciones, proyectos, ilusiones, etapas de nuestra vida. A veces ponemos todo nuestro empeño en recoger los pedazos, recolocarlos con cariño y paciencia, intentando salvar lo que una vez fue. Y aunque hagamos todo lo posible, simplemente no siempre funciona.
Quizás una de las lecciones más difíciles de aprender sea la aceptación.
Aceptar que no todo florece.
Aceptar que algunas cosas florecen, pero solo durante una temporada.
Aceptar que hay ciclos que terminan, aunque no estemos preparados para despedirlos.
Es curioso cómo la naturaleza, y en este caso mi pequeño huerto imperfecto, termina enseñándome lecciones tan profundas.
Lo llamo imperfecto porque todavía me queda mucho por aprender. Aprender cuándo sembrar, cómo sembrar, qué necesita cada planta. Pero, sobre todo, aprender a esperar.
Y creo que esperar es una de las cosas más difíciles que hacemos los seres humanos.
Esperar sin tener la certeza de que aquello que sembramos germinará.
Esperar sin saber cuándo llegará la cosecha. Esperar sin garantías. Y ahí es donde entra la fe.
Porque muchas veces hacemos todo lo que está a nuestro alcance para que algo funcione: una relación, un trabajo, un sueño, un proyecto. Lo cuidamos, lo alimentamos y le dedicamos tiempo. Pero aun así, algunas cosas se quiebran a mitad del camino.
Y sin embargo…Hoy también vi algo hermoso.
Mis rosales comenzaron a florecer.
Flores rojas, blancas y rosadas aparecieron donde hace apenas unas semanas solo había ramas.
Mientras una maceta se rompía, otras plantas daban fruto.
Y quizás esa sea otra enseñanza.
A veces una puerta se cierra mientras otra comienza a abrirse.
A veces perdemos algo y todavía no somos capaces de ver lo que está llegando.
Quizás la sabiduría consiste en eso: en agradecer lo que fue, aprender de lo vivido y seguir caminando con fe hacia lo que vendrá.
Sin saber qué será, cuándo será y cómo será.
Pero confiando en que, de una forma u otra, la vida siempre sigue sembrando.
Con cariño,
La Pequeña Tertulia del Huerto… Imperfecto